Ayer, muy al anochecer me he inmiscuido en una charla que sostenía la melancolía de una canción y el frescor del viento, he oído como ambas comentaban sobre la voluntad de la noche y el como el miedo que le produce el marcharse cada nuevo día le tenía algo angustiada... oí también decir que el amanecer a veces le caía tan de golpe que había perdido en ella sus confianzas, que no consideraba ya llamar la atención como antes de la luna y que casi era mas fácil tan solo se observaran, que lograr volverse compañeras para asumir en rigor la misión que en el universo se les había otorgado...
Algo mas tarde se hizo presente la solemnidad del silencio que se incorporó a la tertulia, admitió ser una fiel observante de lo que ahí se decía, dijo preferir omitir comentario alguno para así no perjudicar el dilema, bueno, pronunció el insistente grito del dolor, digno de ella... siempre tan ensimismada y enterada de todo.
El sentimiento de la complicidad escondido estaba mientras esto se decía, saludó y comenzó a opinar sobre lo que en ese momento se expresaba, pidió respeto y convidó a la consolidada imaginación para que dignificara tantos y tantos dichos, acomodados ya todos en un paraíso de constelaciones, las estrategias surgían sin mediar acuerdo alguno, de pronto la provocación de la sensualidad salió en defensa de la noche, expuso lo necesaria que era en condiciones de prestar romanticismo a los amantes furtivos y a los enamorados del amor sincero... replicó la veracidad de los despertares que mejor aun eran los amaneceres abrazados y cogidos de una cintura de tantos y de tantas parejas que ansiaban ver aclarar el día unidos con brevedad y muchas veces con fantasía.
Buff !, en el transcurso de todo la conciencia de los entendimientos aportó: que mas da ser nosotros quienes nos enfrasquemos en este dime y diretes de condicionalidades de cada uno de ellos; que mas da ser nosotros quienes busquemos identificar el rol a cumplir de cada cual, si necesariamente ambos son esenciales; que mas da, disgustarnos de modo tal que no existirá jamás forma o modo alguno en que el amanecer y la noche no acaben coincidiendo en lo que resta de esta historia del mundo, y que probablemente les ofrezca la posibilidad de verse a la cara de luna y sol que ambos poseen, y decirse de una vez y por todas, bienvenidos.








