jueves 15 de octubre de 2009

Beit Hashalom... Casa de Paz.



A dar cumplimiento a la palabra empeñada en alguna ocasión me dirigí aquel primer domingo de octubre, con la compañía indicada y la afinidad de una linda amistad ya instaurada. Parecía todo estar listo y dispuesto para llevar a cabo el compromiso que había de adquirir hacía ¡ ya ! tantísimo tiempo... el día festejaba este trato presentándose soleado, el minuto de aquel momento se acercaba y los pasos nos llevaban a aquel lugar en donde los restos de una mujer y madre descansaban; espero, sinceramente en paz.
La visita era a un parque, esta vez no de diversiones, el rito de rigor comenzaba a ponerme en conocimiento de todo lo que concretamente concierne a una rutina de amor y de demostraciones con las que se debe proceder antes de cada nuevo encuentro para ésta hija, amiga mía con el recuerdo de la fémina que le dio la vida y que decidió adelantar su paso por la tierra para ir y pavimentar el trayecto que de seguro su retoño tomará el día en que D-os así lo indique.
Flores !... dice esta chica, como si en ese instante las alergias de primavera y los aromas que estas expelen parecieran no tener importancia y mucho menos interponerse como límitantes en la instancia de poder ser aporte y ayudarle a escoger, dulcemente me pregunta el color a combinar con aquellos claveles rojos de los que su madre tanto gustaba, aquel fue un acto generoso considerando que tan solo era yo una aparecida a la hora de querer llegar hasta ahí... bien di un vistazo rápido y decidí la pureza de aquellos claveles blancos que sin duda alguna adornarían con prestancia y delicadeza aquella propiedad suya y tan parecida la una de la otra. Me conmovió ya poner el primer pie dentro de aquel espacio tan sereno y en contraste a lo que ahí se ha de ir a encontrar tan lleno de vida con el florido paisaje que presenta y comparte maravillosamente, bajo el silencio de aquellas almas que reportan emociones palpables tan solo con el hecho de saberles ahí.
Frente a frente madre e hija en un saludo que muchas veces en vida las personas no se suelen brindar, su mano a la boca un beso y de ahí la entrega de este a aquella tumba, la presentación de rigor y un tomar asiento para compartir una charla de vida nada mas que con la espontaneidad puesta a flor de piel y sin preocupación alguna de dejar entrever la abstracción que a ratos me transportaban a pensar en mil y una cosa... por decir lo menos la comunicación se puso a merced de cada forma de expresar una palabra, los minutos no se detuvieron ni sintieron compasión por detenernos ahí asistiendo es mas sublimemente la cercanía con tan insólito lugar de encuentro y conversación.
Sé bien cuanta nostalgia se posó ahí, cuantos recuerdos se vinieron a esa memoria emotiva que tantas veces nos traiciona y que nos ayuda a cargar con información tan imprecindíble como para hacer de nuestras vivencias la historia que atesoramos en el tiempo con demasía en dedicación... pasamos un par de horas apostadas en un césped precioso, iluminados por un sol resplandeciente y acompañadas de un alma limpia, que nos convidó tranquilidad, sin mediar complicación por haberle visitado sin aviso alguno o por haber interceptado con cero mecanismo de defensa cada aliento obtenido en una tarde plena que simplemente se prestó para hacer de aquella visita inaudita... una visita inolvidable.
A Sra. T.Q.S.

4 comentarios:

Clo dijo...

Que hermosa manera de describir aquellos instantes vividos, me transportas a ese lugar con tus palabras y solo puedo sentir paz y armonía en mi interior.
Afortunada de que alguien quiera compartir momentos tan íntimos como esos el encuentro cotidiano de una madre y su hija más allá del tiempo y el espacio.

Cariños
Y mucho Nash

Ximena dijo...

Basta un simple soplo para que tu vida se derrumbe como un castillo de naipes y, a veces, ni siquiera eres tú quien ha soplado.

Pero no hay que allanar los baches del sendero que hemos recorrido, sino del que nos queda por recorrer. Porque cada nuevo día se construye con lo que vamos encontrando al caminar.

Y aunque te asuste no saber lo que te espera tras la próxima curva, tienes que tomarla para avanzar.
Por eso es mejor confiar en alguien que comparta tu viaje y sepa perdonarte cuando has elegido un camino mal asfaltado.

Y si alguna vez te pasas de la salida marcada en el mapa, tendrás que elegir entre volver al pasado o seguir hacia un nuevo destino.
Mas ten en cuenta que cada paso imprime una huella, hay que afrontarlo. Porque hijo mío, nuestras vidas discurren por sendas en las que se abren destinos cada centímetro. Así que relájate y presta atención porque justo aquí y ahora empieza esta historia.

Con Cariño...
Te quiero amiga
Gracias por el escrito, esta bellisimo, de verdad me emociona saber que esa visita marco tu estadia aqui. Te fijaste en cada detalle, las flores, el saludo, todo, absolutamente en todo...
Gracias por las maravillosas palabras expresadas.
Un beso

Ximena dijo...

Amiga, que mejor regalo para mi madre, en el día de su santo, que tu escrito.

Te quiero amiga del alma mia.

Lía. dijo...

Chicas solo decir que aquel momento de intimidad caló hondo en mí y ha hecho reconsiderar alimentar mi vida con mas manifestaciones de amor, para la mujer que me dio la vida, aun con tropiezos y resignaciones varias.
Un aterciopelado cariño para ustedes.